Deseada por muchos, despreciada por otros tantos y utilizada por muchos como mero slogan para justificar sus acciones ante los ciudadanos, la democracia se enfrenta a su peor etapa; inseguridad, demagogia, intereses de grupo y presuntos mesías, que se la adjudican como propia, cuando hace apenas unos años o meses, militaban en partidos políticos que históricamente la han despreciado.
La historia de la democracia en México se remite a los recientes 1908 y 1911, hace un siglo, con el primer intento liderado por Francisco I. Madero, mismo que fue frustrado, mientras que en otros países como Estados Unidos, desde 1787 instauraron la democracia constitucional, como una forma de gobierno.
La constitución de los americanos estaba inspirada en los principios de igualdad y Libertad que defendían los ilustrados y se configuró como la primera carta magna que recogía los principios del liberalismo político, estableciendo un régimen republicano y democrático.
Nuestras chorrocientas constituciones también adoptaron el federalismo y liberalismo, pero a la mexicana, y la democracia se tardó en llegar casi 150 años. Ahora que intentamos construirla, a cada intento parece que El intento de 1911 fracasó porque Madero tuvo miedo administrar el poder, y dejó en posiciones de control militar a porfiristas, enemigos de la breve revolución que inició a principios de 1911 y terminó en mayo de ese mismo año, con la caída de Porfirio Díaz.
Ya se que la historia oficial que hace el mito de Madero, dice que la revolución inició en 1910, pero en términos reales nada pasó el 20 de noviembre de ese año, salvo una o dos manifestaciones sin trascendencia. Sería la breve revolución iniciada en febrero y terminada en mayo de 1910, con unos cuantos muertos, la única experiencia parecida.
Luego vendría el asesinato de Madero y empezaría la guerra civil fratricida, de líderes revolucionarios contra líderes, que se disputaban el poder. Esta guerra si dejaría un millón de muertos, pobres todos, y en la quiebra total al país, pues quienes debían trabajar, andaban en "la bola" echando bala, sin saber a ciencia cierta porqué y por quién.
Antes de este intento, nuestras constituciones federales planteaban la representación popular, pero como mero precepto, pues en la vida real "el caudillaje" se adueñó del país, y eran estos quienes dirigían el país. Obviamente la democracia no les importaba y lo que es peor, ni idea tenían de que significaba. Las balas decidían quien se quedaba con el poder, hasta que llegó Porfirio, caudillo victorioso de la guerra contra los franceses, e instaló su dictadura de 30 años.
La caída de Porfirio Díaz traería la guerra civil que mencionábamos, y vendría un largo proceso de estabilización posterior, donde algunos generales como Alvaro Obregón, se convirtieron en sus herederos, pero finalmente caerían bajo las balas de sus protegido, en este caso Plutarco Elías Calles, "el menos general de los generales" y por consecuencia el menos revolucionario de los caudillos, diría el mismo Obregón, quien se auto erigiría como "heredero" de la guerra civil, llamada revolución mexicana.
Calles sentaría las bases del sistema político mexicano al fundar un partido desde el poder y para el poder, ahora conocido como PRI, bajo el cual daría inicio a la llamada "dictadura perfecta" de Vargas Llosa, premio nobel de Literatura, que se encargaría de sofocar cualquier intento de democracia real.
Sería la llegada de Vicente Fox, en el año 2000, lo que termina con esta tragicomedia y es cuando inicia la verdadera batalla por la democracia en México.
Se desmitifica la figura del presidente omnipotente. La "presidencia imperial" deja de ser tal, y el presidente deja de ser "su altísima serenísima", para ser tratado como un ciudadano más, y debidamente cuestionado, señalado y requerido por los ciudadanos y el Congreso de la Unión.
Se desmitifica al Ejército y a la Virgen de Guadalupe y por primera vez los ciudadanos de este país, pueden ver y decir lo que sienten, sobre la forma en que se ejerce el poder.
Ahora vivimos una etapa de turbulencia democrática, donde las diferentes voces se dejan oír, con su propia verdad. Aquí es donde aplica aquella frase "No creo en ninguna de cada una de tus palabras, pero moriría por defender tu derecho a decirla". Eso es libertad.
Gozamos de estabilidad económica con fuertes reservas internacionales superiores a los 100 mil millones de dólares, pero apenas es el inició en un país que ha vivido sus últimos doscientos años sin este tipo de ahorro interno, crisis tras crisis económica.
En contra posición, y como producto de esa libertad, que ha veces raya en el libertinaje de algunos grupos sociales, que en su afán de lograr sus fines dañan derechos de terceros, ahora vivimos inseguridad pública, atizada por la falta de interés y corrupción de gobiernos locales y por anteriores gobiernos federales, aunado a la descomposición social provocada por un mayor ingreso económico, pero una deficiente coeción social.
Sobre el particular, los grupos de poder, locales, regionales y enquistados a nivel nacional, no muestran interés en unirse para resolver el problema, sino que por el contrario, se considera que algunos de ellos están ligados al crimen organizado que lacera al país. Actualmente hay juicios pendientes en contra algunos de ellos, pero la mayoría de los ciudadanos creen que muchos otros siguen intocados.
Con estos antecedentes nada halagadores y unos políticos que no saben o no quieren saber de democracia y por lo tanto en vez de negociar y acordar, anteponen los intereses propios, y unos ciudadanos que no entienden que la democracia es disenso, es decir, diferencia y hasta confrontación de ideas y posiciones políticas, este país intenta adoptar la democracia, ese gigantesco vocablo que exige mucho de todos y a cambio sólo nos da la oportunidad de ser libres, iguales entre si y ante el Estado, pero sobre todo, nos permite saber que somos nosotros, cada uno, los que hacemos el todo y valemos por lo que hacemos o lo que dejamos de hacer.

Laura Martínez.
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