miércoles, 20 de octubre de 2010

"En este país se tropieza uno con la nada a cada paso"

La justificacion siempre está a la mano. La respuesta que justifica el porque no se hicieron o no se pueden hacer las cosas, es cosa de cada día, de cada instante y al final simplemente se dice: "Es que no se pudo" y si no es suficiente, involucramos a Dios. "Es que fue la voluntad de Dios". En este juego de justificaciones entramos todos, de los ciudadanos comunes, hasta muchos, de quienes dirigen este país.
Recuerdo que en los tres años que estuvo de diputado en el Congreso Local de Chihuahua, (2001-2004)siempre se negaron los que tenían la mayoría, es decir, los priístas, a establecer en la ley el "Secuestro Express", como delito grave. Hoy lo toman como propio y lo incluyen en la Reforma Penal del Gobernador.
La justificación fue muy simple, desde el punto de vista de los legisladores priístas: "En Chihuahua esto no sucede y no es necesario agravar las conductas de las personas".
Tabién propuse que se redujera la edad penal de 18 a 16 años. Los entonces diputados priístas se negaron incluso a discutir el asunto, ya no digamos revisar la propuesta. Dirían que al reducir la edad penal de los menores delincuentes: "Estaríamos violando los derechos de los jóvenes y los tratados internacionales que ha firmado México". Años después lo retomarían, ante la brutal realidad de inseguridad que nos afecta como ciudadanos.
Ahora que estoy como servidor público en una dependencia pública, las justificaciones tampoco faltan: "Nosotros no tuvimos oportunidades", dicen algunos de los usuarios. Y con esta justificación, también justifican el porqué no realizaron ningún acto para arreglar la sucesión de sus derechos, a pesar de que el dueño original murió hace 10 o 15 años. Llegan pretendiendo que se les resuelva no en meses ni semanas !Quieren que se resuelva de inmediato!. Y culpan a todas las esferas de gobierno, menos asi mismos.
Como se verá, siempre tenemos una justificación para justificar del porqué no hacemos las cosas, del porqué no cumplimos con nuestra función, o hasta con nosotros mismos, como ciudadanos con obligaciones y derechos dentro de una comunidad reginal o nacional.
Todo esto se viene a combinar con esa obstinada tentación de pasar desapercibidos, es decir, de mimetizarnos con las cosas que nos rodean, con el objeto de que nadie nos vea y tenga la ingrata ocurrencia de encomendarnos una actividad o responsabilidad. "Nos gusta ser nadie. Somos nadie y lo decimos" diría Octvio Paz, en su obra El Laberinto de la Soledad, en el capítulo de Máscaras Mexicanas.
Es común llegar a un evento o reunión, incluso la casa y preguntar; "No ha llegado nadie?" y tan tranquilas, las dos o tres personas que allí se encuentra nos contestarán: "No, nadie".
Esta actitud de suprimirnos, de disimular, diría Paz, nos lleva a la siguiente etapa, es decir, la negativa absoluta de aceptar una responsabilidad, por pequeña o grande que sea, y al mismo tiempo nos lleva a justificar porque no hacemos las cosas, o porque no estamos dispuestos a aportar nuestro "granito de arena", para que sucedan las cosas. "No me toca". "Porqué Yó...?"
Cuando Carlota y Maximiliano de Habsburgo llegaron a México en 1864, en calidad de emperadores de nuestro recien invadido país por parte de los franceses, con lo primero que se encontró, es que: nada podía hacerse y que esa inercia de la nada por la nada, se repetía en las castas de nuestro país.
Para empezar; "Los mexicanos que les pidieron venir a México a gobernar, se oponían a las decisiones políticas -bastante liberales- de Maximiliano". Quo Historia, otoño 2009.
En enero de 1865, dice la reseña histórica de Quo Historia, un año después de su llegada a nuestro país: Carlota escribiría a la emperatriz de los franceses, Eugenia de Montijo: "Creo que no nos faltan ni energía ni perseverancia, pero me pregunto si habrá alguna humana posibilidad de salir de las dificultades, si estas se siguen aumentando en esa forma...Durante los primeros seis meses, a todo el mundo le parecía encantador el nuevo gobierno, pero tocad alguna cosa, poned manos a la obra, y se os maldecirá. ES LA NADA QUE NO QUIERE SER DESTRONADA".
Y agregaría "vuestra majestad creería quizá, como yo, que la nada es una sustancia manejable, pero en este país al contrario, se tropieza uno con ella a cada paso y es granito, es más poderosa que el espíritu humano y solamente Dios podría doblegarla"
Y concluiría: "Fue menos difícil erigir las prirámides de Egipto que vencer la nada mexicana"
 Desde esta perspectiva es entendible, más no justificable, que en este país no pase nada. Que las leyes no sirvan para tener a los delicuentes en la cárcel y que los policías no sirvan para el fin que son contratados. Que los políticos no hagan su chamba y que los ciudadanos prefieran el ostracismo y el malemadrismo, antes que interesarse en asuntos que permitan que el país avance.
La nada, como decía Carlota, es esa "roca de granito", inamovible, que impide que hagamos nuestra parte, independientemente de donde estemos, para hacer que este país avance. Nos impide (la nada) hacer nuestro trabajo, asumir nuestras responsabilidades y responder por ellas. Dejamos las tareas pendientes para mañana, y ese mañana nunca llega.
Sólo así podemos entender, más no justificar, que sigamos siendo un país tercermundista, en vías de desarrollo, de economía periférica, de economía emergente y quien sabe cuantos calificativos deprimentes más. Doscientos años de independencia, los cuales hemos echado a la basura, pues estamos muy ocupados tratando de salvar los obstáculos de la nada; esa nada que "sólo Dios puede doblegar"...diría Carlota de Habsburgo, hace 150 años. !Que chulada de país!...

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